En las décadas que van del 50 al 90, los niños y jóvenes, ya sea a través de sus padres o profesores de colegio y universidades nos iban inculcando valores, metas en los diversos campos sociales a través de la historia, la religión y la política. Los dos primeros temas con libertad y el tercero, el político, de manera escondida, dependiendo el tipo de escuela pública o privada.
Muchos jóvenes comenzaban a simpatizar o militar en los partidos en función a sus padres o profesores y algunos excepcionales por las lecturas que hacían de los ideólogos: José Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la Torre y Víctor Andrés Belaunde.
Los debates que se daban eran absolutamente ideológicos y programáticos, y, la militancia en cada partido defendía sus principios hasta con su vida como si se tratara de una fe religiosa.
Eran pues cuatro las opciones partidarias a escoger: O eras aprista -originalmente antiimperialista y luego con desviaciones derechistas-; o izquierdista -dependiente de Moscú o Pekín o de una nueva izquierda influenciada por la revolución cubana y las guerrillas del 65-; o populista -Belaunde y el Perú como doctrina; o derechista – compuesto por una oligarquía desnacionalizada y golpista-
Los Partidos organizaban escuelas de formación para educar y preparar a los jóvenes.
Las militancias y los simpatizantes ya formadas entregaban sus tiempos e incluso sus vidas por sus Partidos. Cientos de ellos se convirtieron en sus mártires defendiendo sus principios sin pedir nada a cambio. Las confrontaciones que se daban eran a muerte tanto en los debates como en la defensa de sus líderes. Yo las he vivido cuando ingrese a la universidad. No había que pagar dinero, como hoy, para hacer pintas o militar en un Partido. Había pureza, entrega y orgullo de militancia.
Un año antes de su muerte tuve una larga conversación con Armando Villanueva del Campo, personaje importante del partido Aprista quien me contaba con tristeza: “en el pasado los compañeros llegaban para ofrecerse en las tareas que el partido necesitaba por más duras que sean y lo hacían de todo sin pedir nada y ahora tocan la puerta para ver que les va a dar el Partido”
En la izquierda, cuya historia está llena de nombres de hombres y mujeres que entregaron toda su vida por la justicia social parecen ser sepultados en el olvido; hoy las nuevas militancias han virado al pragmático contagiados por un sistema que ha robado la esencia de la política, la valoración del ser individual sobre el todo. “Quiero un cargo porque lo merezco”.
Esta triste realidad parte porque a diferencia de esas décadas, en las que existían un abanico de referentes, que, les daban sentido a nuestras vidas por sus valores, entregas, formación y sus sacrificios por la patria, la sociedad, la familia, hoy carecemos de ellos. Hay una severa crisis de estos hombres y mujeres que alumbran valores. A los debates de ideas y propuestas se les ha remplazado por injurias, por dinero, por trampas no solo contra los rivales sino al interior mismo de las organizaciones políticas. Este es el verdadero apocalipsis de la humanidad y claro de nuestra patria. Necesitamos con urgencia referentes válidos y no personas disfrazadas de valores.



