Cuando le preguntaron a Julián Marías (1914-2005), unos de los más renombrados filósofos españoles del siglo XX, ¿qué era lo más grave que ha presenciado en sus años de vida? Respondió: “Lo más grave de todo es la aceptación social del aborto. Más que el aborto en sí, su aceptación social. (…). Yo personalmente vivo angustiado pensando en que en este momento se están matando niños no nacidos, cientos de miles en todo el planeta. Eso me parece que es lo más grave que ha pasado, más que el comunismo y que el nacionalsocialismo y que todo lo demás, incluidas las dos guerras mundiales”. En efecto, lo más trágico que ha sucedido en el siglo XX es la aceptación social del aborto, que la sociedad lo considere como un triunfo, un derecho, un deber, esto significa una inversión de los valores de la vida por los de la muerte.
Es un misterio de iniquidad que la civilización moderna haya terminado idolatrando la muerte: el aborto que es quitar la vida de una persona que empieza a vivir, la eutanasia que es quitar la vida de una persona enferma o en el último período de su vida, el homosexualismo que es cerrar las fuentes de la vida, la legalización de las drogas que no es otra cosa promover el suicidio colectivo de personas vulnerables emocionalmente. Veamos por donde lo veamos, en la civilización actual, todo apunta a un endiosamiento de la muerte.
Esta civilización de la muerte ha llegado a Latinoamérica, un continente que a pesar de sus dificultades y problemas siempre ha celebrado la vida, la familia, el amor. En febrero pasado la Corte Constitucional de Colombia despenalizó el aborto hasta la semana 24. La estrategia de los promotores del aborto se basó en “la falacia del aborto por violación”. La falacia es una mentira disfrazada de verdad, un argumento que parece válido, pero no lo es.
El argumento del aborto por violación está basada en varias falacias. Por ejemplo, los promotores del aborto presentan casos de mujeres jóvenes que han sufrido el crimen de la violación, y aprovechándose de su poder mediático y político presentan las tragedias de esas mujeres de tal modo, que buscan conmover a las personas para que estas otorguen su asentimiento al aborto en casos por violación (falacia sentimental). Luego repiten el argumento hasta la saciedad de que el aborto es la única salida a su desgraciada situación (falacia del falso dilema) hasta convertirlo en una verdad (falacia ad nauseam), como si aborto tuviera un efecto desviolador. Luego, minimizan o desprecian el argumento del derecho a la vida del niño por nacer (falacia del hombre de paja) al negarle su condición de persona y considerarlo como si fuera un parásito del cuerpo de la madre, cuando en realidad es una persona y otra víctima del crimen de la violación.
Así, en Colombia con esta falacia del aborto por violación, se aprobó hace unos días el aborto hasta la semana 24. La ley es tan ambigua, que en sentido estricto se puede abortar hasta los nueve meses por violación sin denuncia previa. Es decir, basta que cualquier mujer declare que ha sido violada, sin que medie ninguna denuncia al agresor, ni ninguna investigación, para que se le practique el aborto legalmente. Bajo el amparo del aborto por violación se ha legalizado el aborto libre y el infanticidio en Colombia. Dicho sucintamente, una mujer que ha tenido un embarazo no deseado puede apelar al aborto por violación para practicarse un aborto; o el mismo padre que puede ser el violador, lleva a su hija a abortar sin que la madre sepa. O bien, la madre lleva a la niña a abortar encubriendo al agresor, ya que no piden la denuncia.
El tema es muy complejo. En el Perú la agenda abortista está retrasada, pues todavía no ha logrado la aceptación social del aborto en casos por violación. Todavía estamos a tiempo para impedir que la civilización de la muerte se instale en el Perú. Pues una vez instalada, el camino a la civilización de la vida será muy arduo y se cobrará muchísimas víctimas (por ejemplo, en los EEUU, cada año más de un millón de niños mueren por causa del aborto, la tercera guerra mundial empezó cuando se despenalizó el aborto en ese país). Pero, al final la ideología del aborto se devorará a sí misma, como se devoraron a sí mismas las ideologías del nazismo y el comunismo. La vida prevalecerá sobre el miedo, porque el amor es más fuerte que la muerte. Y, la aceptación social del aborto quedará como la más horrenda mancha de la civilización humana en toda su historia.



