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BICENTENARIO FRUSTRADO: NADA QUE CELEBRAR

FOTO: INTERNET
Yehude Simon

Yehude Simon

“El Estado peruano está senil, y no quieren entender los présbitas que la cadena socialmente opresora se rompe por el eslabón más débil. Tampoco entienden que el problema no sólo son las masas paupérrimas desatendidas del interior del país y toda la República del Perú. Es el fuego en los andes, el que hablaba Carleton Beals hace 80 años”, Javier Valle Riestra.

“…hace algunas generaciones que falleció la señora Florencia de Mora, dejando su inmensa hacienda de Chugay para los indios, según se dice. Como se acostumbraba en esa época, los testamentos se archivaban ante las autoridades eclesiásticas. Los indios continuaron cultivando pacíficamente sus tierras durante largos años. El obispo de Trujillo, quien había engordado administrando las mundanales propiedades de los conventos Santa Clara y del Carmen, comprando y vendiendo propiedades para ellos, cobrando los arrendamientos, decidió que Chuyugal pertenecía realmente a la iglesia. Informó a los indios que las investigaciones hechas de los títulos de propiedad se desprendían, que la iglesia era el propietario legal del fundo, y qué, en adelante, tendrían que pagarle un arrendamiento de 3000 soles”, Carleton Beals, Fuego sobre los Andes.

Políticos, historiadores, intelectuales, iglesia, colegios, universidades, prensa y la población casi total se preparaban con mucha ilusión para festejar el bicentenario de la independencia. No tengo la cifra exacta de lo presupuestado para lo que significaba este acontecimiento, pero soy testigo que fue un monto bastante respetable, pues participé haciendo gestiones como gerente de la macro-región nororiental.

En el bicentenario se buscaba consolidar el compromiso que tiene el Estado con la Patria: una nación peruana integrada y respetuosa de sus valores, de su historia, de sus culturas; lamentablemente se realizaron muchos foros, muchos programas y harta inversión, pero como costumbre haciendo una lectura muy pobre de la realidad y de la historia.

Se programaron importantes obras para las regiones de la costa y algunas del sur;  las sobras fueron para las regiones del Perú olvidado y menospreciado.

Las consecuencias de esta mirada miope de los distintos gobiernos la estamos viviendo hoy.

Los pueblos originarios, a los que sectores monárquicos -aún existen- los descalifican con términos racistas e incluso, que sin ningún rubor, piden de manera abierta que los “indios” “serranos” “comunistas” “terroristas” andinos desaparezcan explotaron. Perdieron, con justicia, la paciencia.

Las dramáticas jornadas que estamos viviendo han desnudado completamente la fragilidad de la nación criolla. Hemos estado a punto de vivir una guerra civil y hacer del Perú una nación inviable, fracasada. Quisiera equivocarme, quisiera decir que estoy exagerando, pero no es así.

La ceguera del poder y la intolerancia de un sector social van conduciendo al país a una ruptura total.

Hay personajes que aparecen en las redes escribiendo sandeces; hay medios de comunicación que aprovechando su espacio se venden al mejor postor y se suman a campañas nefastas que ofenden a la dignidad de los pueblos aymaras, quechuas y otros.  A Dios gracias no son todos, pero el daño que han hecho es irreversible por lo menos por algunos años.

Tenemos pues un país, seccionado en dos sectores, hoy, a diferencia de ayer, irreconciliables.

Un sector abusivo dueño de las más grandes empresas, de casi todos los medios de comunicación, de los poderes del Estado y por sobre todo de la educación. Sectores que deformaron nuestra historia; sectores que durante más de doscientos años lavaron el cerebro de niños y jóvenes ocultando a nuestros verdaderos patriotas y héroes e incluso deformando sus orígenes o ocultándolos. Muy pocos historiadores pudieron tener la oportunidad de romper el velo de la mentira y redescubrir la verdadera historia. Quinientos años de dominación económica e ideológica no han podido ser superados hasta ahora, pero se sienten pasos que asustan.  Muy pocos han entendido el significado de las violencias políticas que constantemente afectan al Perú.  Los pueblos originarios siguen vivos, han logrado resistir todo embate de culturas ajenas a ellos a la vez que se iban fortaleciendo con su descendencia, su identidad y su lucha.

Con excepción del general Juan Velasco Alvarado, ningún otro gobierno entendió o dio lectura correcta a lo que, a través de los años, vendría.