Si uno revisa la historia encuentra con mucha facilidad que el sector social más maltratado a lo largo del mundo es el del campesinado. Si, el que produce los alimentos para la gran humanidad y especialmente para la ciudad.
Las revoluciones que cambiaron la faz de la tierra y del poder, los tuvieron a ellos en primera fila como actores fundamentales para lograr sus objetivos de justicia social. La entrega para ser visibilizados significó el sacrificio de sus propias vidas.
La revolución soviética se alimentó sobre la base campesina, cuya población en un 90% era analfabeta y vivía en extrema pobreza, era época de los zares; igualmente sucedió con la China de Mao, que en la década del 20 del siglo pasado tenía 400 millones de habitantes la mayoría campesinos en extrema pobreza. La revolución de Emiliano Zapata de México con su reforma agraria logró traer estabilidad y derechos al mundo rural; los campesinos explotados lograron trabajar sus tierras y cosa semejante sucedió en la Cuba de Fidel.
En la América Latina la resistencia y lucha por mejorar las condiciones de vida y otros derechos aún se encuentran vigentes. Brasil, México y Perú son quizá los países que más historia tienen en este tema y los que aún mantienen graves problemas de olvido pese a sus reformas agrarias.
En nuestro país tenemos una historia rica de levantamientos de campesinos por reivindicación de tierras, y lucha contra la explotación de los gamonales, las más sentidas van desde el año 1920 hasta 1963, esta última teniendo como uno de los líderes más importantes a Hugo Blanco a quien incluso se le condenó a muerte. No podemos olvidar la guerrilla de Luis de Luis de la Puente Uceda. Muchos estudiosos y analistas coinciden que, si no se hubiera producido la Reforma Agraria de Juan Velasco Alvarado, Sendero Luminoso hubiera capturado el poder.
Lamentablemente el modelo económico que vivimos solo está revestido del poder del más fuerte y una vergonzosa ausencia de leyes que beneficien al 80% de los propietarios de la tierra es decir de nuestros campesinos que poseen entre una a diez hectáreas.
Todos los gobiernos después de Velasco simple y llanamente olvidaron el mundo del agro pese a que la Constitución el 12 de julio del año 79, en su capítulo VII, artículo 156 a la letra decía: El Estado otorga prioridad al desarrollo integral del sector agrario, y si vamos al artículo 158 y los gobiernos lo hubieran cumplido otra sería la situación.
Estados Unidos y países europeos protegen a sus agricultores aquí con el sambenito de la libre competencia ahorcamos a nuestros campesinos y productores medianos.
Se debe saber que los agricultores de Estados Unidos reciben subvenciones y ayudas en cerca de 33,000 millones de euros. Los medios conservadores saltan con furibundos editoriales cuando se plantea algo parecido en el Perú como por ejemplo evitar el remate de tierras de productores afectados por sequias o El Niño.
En el paro agrario que se da en algunas regiones el ejecutivo tiene que actuar con urgencia y ya. Mucha saliva hablando de una segunda reforma agraria: crédito, asistencia técnica, vías de comunicación y mercado, y luego de nueve meses muy poco o nada se ha hecho.
El hartazgo va llegando a su límite y se exige con mayor fuerza al presidente Castillo, que se supone conoce la realidad del sector rural -él y su familia provienen del campo- que cumpla con sus compromisos de campaña, a favor del campesinado.
COLUMNA AUSPICIADA POR:





