«No conozco personaje más limpio que una madre, ni corazón con más capacidad de amar que el corazón de una madre». En estas palabras se resume toda la justificación sentimental que llevó a Maksím Gorki a convertir a Pelagia Nílovna Vlásova en una de las protagonistas más universales de la literatura rusa en su obra “La Madre”.
Anna Jarvis una activista quien luchó porque el Día de la Madre fuera una fecha institucional en Estados Unidos, a modo de honrarla a su madre Ann Reeves Jarvis quien falleció el 9 de mayo de 1905, comenzó una celebración desde 1907 y a la par empezó a enviar cartas a gobernadores de todos los estados para homenajear a las madres en general. Fue hasta 1914 cuando el entonces presidente de los Estados Unidos de América Woodrow Wilson firmó un proyecto de ley para reconocer el Día de la Madre como fiesta nacional.
En el caso del Perú, fue durante el gobierno de Augusto B. Leguía que promulgó -en abril de 1924- que el Día de las Madres se celebrara cada segundo domingo de mayo. Se realizaron muchas actividades en las escuelas, a las madres en albergues de la tercera edad, una de las actividades más concurridas fue en el Campo de Marte donde se realizó la entrega de rosas más multitudinaria. Al pasar el tiempo, esta fecha muy especial fue absorbida por el consumismo desmedido, fiestas frívolas, paseos y viajes en oferta al interior del país, quitando en algo la fecha de reflexión sobre el papel que la madre representa para la sociedad.
La madre es la que enseña al niño a amar. Al respecto de la relación madre-bebé señala Winnicot (1960), que esta relación o vínculo amoroso, surge de la función nutricia pero también de la satisfacción de las necesidades psicológicas y emocionales del niño. Sentimos un gran apego cuando somos niños hacia nuestras mamás, sentirnos protegidos, amados, seguros y sobretodo felices.
Las palabras quedan muy muy cortas para expresar lo mucho que valoramos y amamos a nuestras madres (aunque alguno que lea esta columna no le diga a su mamá que la ama, pero la expresa de otra manera), desde una palabra sencilla que nos dice al despedirse cuando sales a la calle: “Hijo(a) cuídate” o al llamarte cuando no llegas a la casa luego de alguna reunión bohemia: “Hijo(a) ya estas viniendo?, aquí te espero, con cuidado…”
Cada hijo(a), debería decir las siguientes frases NO solo en este segundo domingo de mayo, sino siempre, cada dio del año a nuestras mamás:
Gracias Mamá por darme la vida…
Gracias Mamá por cuidarme…
Gracias Mamá por amarme…
Gracias Mamá por alimentarme…
Gracias Mamá por aconsejarme…
Gracias Mamá por darme siempre ánimos… Te Amo Mamá (abrazo)…
Y citando al cantante brasileño Roberto Carlos:
Tantas veces me siento perdido
Durante la noche
Con problemas y angustias
Que son de la gente mayor
Con la mano apretando
Mi hombro seguro dirías:
“Ya verás que mañana las cosas, Te salen mejor…”



