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JOHN F. KENNEDY, FIDEL CASTRO Y MALCOLM | PARTE DOS

FOTO: INTERNET
Yehude Simon

Yehude Simon

En las investigaciones que se efectuaron sobre el asesinato de Kennedy hubo siempre un personaje oculto: J. Edgard Hoover, primer director del FBI con un poder incalculable gracias al apoyo de logias “defensoras de la libertad y el cristianismo” políticos y empresarios conservadores.

Hoover se volvió un conspirador, dueño de la vida y voluntad de personajes claves en el mundo administrativo, político y económico de los Estados Unidos. Era homofóbico, responsable de persecuciones racistas -negros, japoneses, judíos y latinos- a políticos de pensamientos de izquierda, de anarquistas y sindicalistas. Le encantaba tomarse fotos con los cadáveres de los delincuentes abatidos. Su poder rebasaba incluso al de los presidentes que no podían o no se atrevían a cesarlo del cargo pese a saberse que escondía información. Odiaba a John y Robert Kennedy por su supuesta debilidad contra la sociedad negra e incluso por su lucha feroz contra la mafia, pues aparentemente Hoover tenía acuerdos con mafiosos, como lo confesara el capo Mayer Lansky.

Si a alguien apreciaba este nefasto personaje, era a Nixon, por una simple razón: Nixon, le avalaba todo lo que hacía, aunque fuera ilegal.

¿Por qué, menciono a este funesto personaje? Por sus crímenes, por haber perjudicado la vida de miles de hombres y mujeres y por haber desnudado como se manejan las administraciones del país mas poderoso e imperial del mundo.

Hoover era un feroz anticomunista, macartista e impulsor de la gran caceria de brujas contra personas progresistas.

Si alguna coincidencia podía existir entre Hoover, los republicanos y John Kennedy, en un primer momento, era el odio que le tenían a Fidel Castro por su revolución exitosa, hecha en sus propias narices y porque además en algunos casos había no solo liquidado la dictadura de Fulgencio Batista -militar impuesto por Estados Unidos- sino por una razón de geopolítica la presencia de Rusia en sus fronteras.

El fracaso de la invasión a Cuba en Bahía de Cochinos e intento de asesinato de Fidel en 1961 y la crisis de los misiles entre la URSS y EEUU en octubre de 1962 obligaron a Kennedy,contra la voluntad de Hoover, a cambiar su estrategia de invasión y asesinato por  busqueda del diálogo y la negociación; primero, con Rusia para exigirle el retiro de los misiles que apuntaban Washington, bajo el compromiso de no invadir Cuba y posteriormente intentar llegar a acuerdos con Fidel y así evitar la influencia sovietica en la isla que de producirse podría significar la entrada del comunismo a gran parte de Ámerica.

Con el retiro de los misiles Kennedy ganó prestigio y dio estabilidad a su gobierno, pero se abrió dos frentes: uno interno, Hoover y los repúblicanos sintieron que Estados Unidos había sido derrotado por Rusia al comprometerse con la no invasión y permitir un gobierno comunista a tan solo 532 kilometros -42 minutos-y segundo el frente externo, Fidel, era consciente que Kennedy era debil frente al poder oculto. Sabía que conspiraban contra él a espaldas del propio presidente.

Fidel quería negociar pero sin dejar de lado a Rusia pues era consciente que de todas formas Estados Unidos buscaba desestabilizar la revolución como lo habían hecho en varias oportunidades invadiendo diversos países:  Argentina, Haiti, méxico, Canadá, Nicaragua, Uruguay, Paraguay, Chile, Cuba, República Dominicana, Guatemla, Granada

El 23 de septiembre de 1963 hubo un encuentro aprobado por Fidel entre su representante en la ONU, embajador Carlos Lechuga y el embajador norteamericano William Attwood con resultados esperanzadores a esto podía sumarse el papel “del abogado James Donovan quien desde 1961 hacía gestiones para liberar a los cerca de 1,200 prisioneros de la fallida invasión de Bahía Cochinos a cambio de 52 millones de dólares en comida y medicinas” (1) pero Hoover  tenía otros planes:

“Sin saberlo el propio James Donovan, la CIA le hizo llegar, en Enero de 1963, un traje de buzo que debía regalar a Fidel. Estaba contaminado en su interior y en el equipo de respiración para causarle una enfermedad crónica de la piel y un tuberculosis” (2)

A pesar de ello Fidel y Kennedy creían que se podía convivir pacificamente respetándose mutuamente. A diferencia de Fidel que tenía toda la confianza de su administración por razones obvias de liderazgo, kennedy actuaba casi a escóndidas, pero estaba claro que buscaba salidas.

El 19 de noviembre en un discurso dado ante la Sociedad Interamericana de Prensa, en Miami, Kennedy se declaraba partidario de encontrar un camino común con Cuba para normalizar relaciones y evitar que esta sea utilizada por poderes externos. Este mensaje fue considerado positivo por Castro, sin embargo tres diás después Kennedy era asesinado y el FBI haría muy poco o casi nada para llegar a descubrir al o a los asesinos del magnicidio. Con el transcurso de los años, a pesar que aún no se resuelve el caso, lo que queda claro es que nunca hubo un complot comunista para asesinar a John Kennedy  sino que el magnicidio habría sido realizado por fuerzas conservadoras tanto políticas como economicas estadounidenses bajo la dirección de algunos elementos del FBI.

Pudieron asesinar al presidente de Estados Unidos que buscaba acuerdos con Fidel, pero por más esfuerzos que hicieron les fue imposible asesinar al revolucionario.

Según fuentes respetables e incluso confesiones de propios agentes de inteligencia hubo  más de  500 intentos para asesinar a Castro y todos fallidos. Se menciona que estos intentos contaban con la aprobación de los expresidentes  Eisenhower, Kennedy, johnson, Nixon, sorpresivamente Carter, Reagan y Bush. Encima de ellos y siempre  desde la sombra estaba  J. Edgard Hoover un nombre para no olvidar y que gracias a Dios ya desapareció de la faz de la tierra.

 

1.- Juan Jesús Aznárez. El País Internacional. Madrid -18 nov 2007.

2.-op. cit.