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JOHN F. KENNEDY, FIDEL CASTRO Y MALCOLM | PARTE UNO

FOTO: INTERNET
Yehude Simon

Yehude Simon

El viernes 22 de noviembre de 1963, próximo a terminar el año escolar en el colegio de Manuel Pardo, de Chiclayo, cuando el reloj marcaba la una de la tarde, de manera imprevista los profesores nos sacaron de las aulas para reunirnos en el patio del plantel, juntamente con toda la secundaria. No sabíamos el motivo de la medida hasta que el director, sacerdote, oriundo de España, con cara consternada y voz muy triste nos daba la noticia del asesinato del presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy. A todos nos sorprendió y entristeció pues lo sentíamos como alguien muy cercano, hubo incluso alumnos que lloraron como si el personaje fuera un familiar directo. Nuestras edades iban desde los diez hasta los dieciséis años.

Durante meses las noticias más importantes eran los acontecimientos que seguían al suceso como por ejemplo la aparición del nombre del supuesto único asesino: Lee Harvey Oswald “simpatizante” de la revolución cubana, de Fidel Castro y admirador de la revolución soviética motivo por lo cual había visitado Rusia e incluso se había casado con una joven oriunda de ese país.

Era claro que, para la población, debido a la información que daban diversos medios de comunicación, había habido un complot y el magnicidio era obra del comunismo internacional.

Cuarenta y ocho horas después el asesino sería eliminado a tiros, ante las cámaras de la televisión y pese a la protección policial por otro asesino: el mafioso Jacob Rubinstein, alias Jack Ruby quien según informaciones de inteligencia había estado en el año 1959 en la Cuba del dictador Batista trabajando bajo el mando del poderoso mafioso, Santo Traficante, el mismo, que luego del triunfo revolucionario fue detenido y posteriormente expulsado por indeseable en los primeros meses del triunfo de la revolución.

Eso significó, para muchos mirar más allá de lo que pretendía el gobierno estadounidense, de insinuar que los posibles responsables intelectuales del asesinato de Kennedy serían el gobierno cubano o de la Unión Soviética, es decir los comunistas.

Era una clarinada importante el saber que Jack Ruby estaba vinculado estrechamente a grupos mafiosos, que le habían declarado la guerra a Kennedy. Que el intento de achacar a Cuba el complot perdía fuerza.

El 29 de noviembre de 1963, en aparente interés por encontrar la búsqueda de la verdad, y a pesar del rechazo a la misma por parte del servicio de inteligencia y el FBI, el presidente Lyndon B. Johnson nombró una Comisión independiente presidida por el presidente del tribunal supremo, Earl Warren.

Transcurrido cuatro meses de los sucesos, el 14 de marzo de 1964, en un proceso muy rápido y poco transparente, Ruby fue condenado a muerte, por matar al sospechoso del magnicidio; luego, como si se tratará de un plan perfectamente elaborado, el proceso sería anulado y por tanto se ordenó uno nuevo, pero, esta vez por homicidio simple en lugar de homicidio premeditado. Durante su prisión el delincuente fue protegido por las autoridades del penal y por un sector de internos.

Las especulaciones se daban día a día, cientos de teorías señalaban como culpables no solo a Cuba o a Rusia sino a las mafias, a los supremacistas blancos del Ku kux KLan mientras la Comisión se veía cada vez más presionada para acabar su investigación en el menor tiempo posible. Finalmente, el 24 de septiembre, -a los 10 meses de su formación- luego de examinar más de tres mil pruebas y evaluar declaraciones de más de 550 testigos seleccionados entre los 26,550 entrevistados por el FBI, la comisión concluyó que Oswald había actuado solo.

Se descartaba totalmente cualquier participación de la Unión Soviética o Cuba en el magnicidio y a renglón seguido también se descartó que haya podido existir alguna relación de conspiración en la muerte Lee Harvey Oswald ni con Jack Ruby, asesino de Oswald.

Intelectuales, analistas y muchos sectores del pueblo estadounidense y el mundo entero rechazaron las conclusiones de la comisión. El misterio se mantenía vivo y cada año aparecían evidencias de un gran complot que el Estado no quería desenmascarar.

En 1966, ya en la universidad, nutriendo mis conocimientos y más libre de cualquier influencia mantuve interés por el tema en búsqueda de respuestas.

La sentencia del periodista español, José María Massip parecía que cerraba por siempre la posibilidad de la verdad:

“Mientras existió Oswald existió la posibilidad de poner en claro la verdad de aquel horror. La vida de Lee Oswald era el último reducto de una sociedad civilizada para establecer, con pruebas, los motivos del crimen y la culpabilidad de su autor”

El 3 de enero de 1967, Ruby muere de cáncer al pulmón. Antes de que esto suceda otra noticia dejo atónito al mundo al descubrirse, que el criminal Jack Ruby había tenido vínculos con el expresidente republicano Richard Nixon y con personajes anticastristas. Era un secreto a voces que Nixon y los sureños no podía esconder su odio a Kennedy.

Vendrían nuevos acontecimientos que ensombrecerían la imagen de Kennedy pese a los esfuerzos de los demócratas de venderlo como un hombre ejemplar para la democracia. En diferentes estilos, pero sin duda demócratas y republicanos son parte de un mismo pensamiento, se sentían y se sienten los dueños del mundo y la verdad.

Dos personajes más que entran en esta historia junto con Kennedy: Fidel Castro y Malcolm X todos ellos marcaron a toda una generación, la misma que impulsada por los acontecimientos fueron cambiando el mundo.