Algo que me llama la atención, espero que no sea el único, es el esfuerzo deliberado de una élite (progresista) por estupidizar o atontar a los peruanos para que juzguen insensatamente la realidad. Pues, ¿cómo se entendería que una gran mayoría de peruanos haya optado por un candidato a todas luces incapaz, y que además representaba a un partido con la misma ideología de los grupos terroristas genocidas que sangraron a los peruanos durante más de un década? En efecto, en la segunda vuelta de las últimas elecciones presidenciales peruanas, un gran sector de la prensa (caviar) plantearon en bloque el dilema del “cáncer o el sida” refiriéndose a las candidaturas de Keiko Fujimori y Pedro Castillo, equiparándolos en el mismo nivel. Hipócritamente no apoyaban directamente a Pedro Castillo, pero, por otro lado, fomentaban el anti fujimorismo, quizás apostando que ganaría Pedro Castillo para luego copar su gobierno y manejarlo para sus propios intereses. Por ese apoyo indirecto de las élites progresistas a la candidatura de Pedro Castillo, se dio lugar que por primera vez en la historia peruana se instalara en el estado peruano, un gobierno de izquierda radical que tendría como fin destruir la actual sociedad peruana para preparar el advenimiento de un estado comunista en el Perú, ¿no es eso lo que estamos espectando actualmente en nuestro país?
Esta estupidización del pensamiento de los peruanos empezó hace casi dos décadas, cuando se empezó a comparar a Alberto Fujimori con Abimael Guzmán, equiparando los asesinatos de la Cantuta y Barrios Altos con los genocidios y asesinatos perpetrados por Sendero Luminoso y MRTA. Esto originó que una parte de la sociedad peruana, principalmente las nuevas generaciones, empiecen a justificar la intencionalidad de los terroristas y a condenar la lucha antiterrorista del gobierno fujimorista. Es decir, se produce el absurdo de considerar el terrorismo como un conflicto interno, y al accionar de las fuerzas armadas como un terrorismo de estado.
Otro ejemplo, fue el absurdo de enfocar el caso Lavajato solo en meter a la cárcel a Keiko Fujimori y Alan García, que llevó al fiscal Domingo Pérez a que sea considerado un héroe. Se hizo creer a la población peruana que ellos eran los principales culpables, mientras que Odebrecht solo era una colaboradora. Es decir, se instrumentalizó el caso Lavajato con fines políticos para matar a dos pájaros de un solo tiro: eliminar a los líderes opositores al progresismo caviar, Alan y Keiko, y convertirlos a su vez en chivos expiatorios de los verdaderos culpables, sino, ¿cómo se puede explicar que Odebrecht haya salido limpio de “polvo y paja” y vuelva a contratar con el estado como si nada hubiese pasado, y que nadie esté preso en el mayor caso de corrupción de la historia política peruana?
¿No fue acaso otro ejemplo de la estupidización de la sociedad peruana, el que muchísima gente, sin ninguna razón seria, saliera a marchar y protestar masivamente contra la asunción del presidente Merino, convirtiéndose en tontos útiles al progresismo? ¿No fue acaso, ese golpe ciudadano contra Merino que posibilitó que Castillo sea elegido presidente del Perú? En suma, Pedro Castillo solo es una consecuencia de la insensatez generalizada en que ha caído la sociedad peruana por el accionar de las élites progresistas; y por la pasividad de las élites conservadoras de derecha, que al caer en el economismo perdieron la batalla cultural ante la izquierda caviar.



