“Buscando un Inca. Identidad y utopía en los Andes”, es la obra más importante y compleja de Alberto Flores Galindo, historiador, periodista, intelectual de izquierda, quien llama la atención que en la formación de nuestra identidad peruana siempre ha estado latente la utopía del mesianismo andino, que busca un estilo de liderazgo similar al del inca, donde el líder resuelva todos los problemas con su autoridad suprema. Al margen de lo discutible de esta tesis, que tiene puntos a favor y en contra. Pero, observando las elecciones de las tres o cuatro últimas décadas en nuestro país, notamos que cuando la mayoría de los peruanos elige un presidente; parece ser que lo elige no tanto por sus propuestas, trayectoria personal, o ideología política, sino más bien por un carisma del candidato que logra empatizar con una nostalgia oculta en el imaginario andino de una autoridad omnímoda como lo era la del inca.
¿Fujimori, Toledo, Humala, Vizcarra, Castillo, acaso fueron elegidos por sus propuestas o porque de un modo u otro lograron encajar con el líder mesiánico que salvará al Perú de sus problemas? ¿No sucedió que cuando se evidenció las falencias, errores, de aquellos gobernantes, inmediatamente el pueblo que los eligió les dio las espaldas condenándolos sin piedad? ¿No ocurre que cuando los peruanos eligen, no eligen un presidente democrático, sino un inca, un rey, un monarca? Ahora bien, valdría la pena preguntarnos, ¿quién de estos gobernantes ejemplificó mejor el mesianismo andino, es decir, quien fue más capaz, más líder, más eficiente, más digno de ser el inca? ¿No será que la tremenda crisis política que vive el país, es que los últimos presidentes que se eligen no están a la altura de este mesianismo?
Lo que si podemos concluir, es que si los peruanos queremos alcanzar la tan ansiada estabilidad política que nos permita retomar la senda del crecimiento, tenemos que dejar de lado esta utopía del inca. Abandonar la esperanza presidencial, y más bien, poner la mira en el parlamento. Esto es, priorizar el régimen parlamentario sobre el presidencial. Elegir los mejores congresistas que podamos encontrar, para que nos representen efectivamente, y que sean capaces de poner la acción del presidente y del ejecutivo en función de políticas de estado que busquen el progreso de nuestro país y el bienestar de los peruanos. Cabe recordar que en una democracia deliberativa son los congresistas los verdaderos representantes del pueblo, y no tanto el presidente ni los ministros de estado. Dicho de un modo más sencillo, la salida de esta crisis es el empoderamiento de la función congresal sobre la función presidencial; pero siempre y cuando los congresistas elegidos sean los más capaces, los más doctos, los más morales, lo más patriotas, los más respetados. Por tanto, más que buscar un inca, hay que buscar a los mejores congresistas.



