Se repite constantemente que la democracia es el menos malo de los sistemas de gobierno, como alguna vez lo dijera Winston Churchill. A la democracia la entendemos como la participación del pueblo, mediante un proceso electoral, en el arte de gobernar en función a principios y valores regidos por la llamada carta Magna o Constitución considerada como la ley de leyes. En la Constitución se establece la organización estructural y material del Estado en función a la realidad concreta. En ella se establecen derechos, deberes, modelo económico, institucionalidad, controles del poder…
La Democracia es a la Constitución, como la Constitución a la Democracia. No puede existir la una sin la otra, de lo contrario viviríamos una dictadura.
Durante 200 años de república hemos tenido cerca de 30 militares y 25 civiles gobernando y trece constituciones. Con la excepción de Velasco y Ramón Castilla se avanzó con mayor fuerza el tema social tratando de incluir a los sectores más olvidados en la vida del estado-nación. Es evidente que durante muchos gobiernos se hicieron muchas obras de infraestructura importantes, pero lo que lamentablemente nunca se ha podido resolver el tema de fondo: la pobreza especialmente en las zonas rurales y marginales de la ciudad.
Tuvimos el caucho, la anchoveta, el guano como riquezas naturales muy valoradas y poco aprovechadas. Hoy nuestra minería ocupa el segundo puesto en producción de plata, cobre, zinc a nivel mundial y es el primer productor de oro, zinc, estaño, plomo y molibdeno en América Latina, siendo nuestra cordillera la principal fuente de esa riquezas. La minería aporta cerca al 9% del PBI. Sería muy torpe no aprovecharla para el desarrollo del país. Definitivamente el Perú es un país minero. Ante ello, la pregunta cae de cajón: ¿Cómo se explica que un país con esas riquezas tenga al 30% de su población en pobreza monetaria, es decir a diez millones de peruanos? Regiones con mayor pobreza monetaria como Huancavelica -48%- Ayacucho -46%- Pasco -45.9 fueron los territorios más afectados por la violencia terrorista y hasta hora no hay una respuesta acorde con sus necesidades.
Si a ello le sumamos que 8 millones de peruanos carecen de acceso a servicios de alcantarillado y 4 millones no tienen agua y le agregamos los lamentables servicios de educación y salud la situación se agrava más.
En contraste a esta dramática y objetiva realidad, como justificamos que teniendo cerca de 33 millones de habitantes puedan existir, de acuerdo a la revista Negocios, en función al estudio realizado por Boston Consulting Group (BCG), cerca de 4mil 618 millonarios de los cuales 30 aglomeran un patrimonio de US$ 22,180 millones y donde solamente el empresario Rodriguez Pastor tenga una fortuna de US$4,100.
De todo esto se entiende el lema de “No más pobres en un país rico” y el porqué legítimamente ganaron la presidencia de la república, primero, Ollanta Humala y luego Pedro Castillo, con sus diferentes estilos. La respuesta es simple: el hartazgo de la ciudadanía contra la clase política y el olvido.
Humala prometía retomar la Constitución del 79, justificando su propuesta explicando que lo haría a fin de lograr en su gobierno un crecimiento con inclusión es decir, hacer del Perú un país menos desigual. No lo cumplió e hizo esfuerzos para ganarse al empresariado, pero los sectores dominantes no querían a un militar rosado como presidente y terminaron derrotándolo fácilmente. Los sectores de izquierda fieles a su estilo lo abandonaron sin hacer el mínimo esfuerzo para recuperar propuestas vitales.
En este último proceso electoral el radicalismo más duro se impuso con un mensaje simple, haciendo escuchar lo que la mayoría provinciana deseaba. La derecha tembló y creo oportunistamente mensajes de terror en diversos sectores, especialmente de la capital y regiones del norte dando la idea que el comunismo terrorista llegaría con Castillo al poder, todo esto en complicidad alguna prensa. No hubo tregua.
Con el pasar de los meses el gobierno del profesor con erradas y lamentables decisiones cada vez más controvertidas e ineficientes han producido un enorme desencanto de una parte importante de ciudadanos que apostaron por él.
La derecha sólida, fanática antiizquierda, racista enquistada en un Congreso donde priman más los intereses partidarios y personales están consiguiendo un triunfo pírrico pues la derrota a Castillo será también la derrota de ellos ya que el grito de los peruanos hoy es: que se vayan todos.
No es la mejor decisión pero ambos sectores terminan siendo sordos, mudos y ciegos a la realidad nacional. Lo he escrito hace algunos meses atrás: las fuerzas armadas por más que lo nieguen están atentas y no sorprendería ver tanques en Congreso y palacio con el aplauso de muchos. La pregunta es: ¿Velasco o Pinochet?
Debemos concluir diciendo que nuestra democracia y nuestras constitución no han funcionado en 200 años. Son letras muertas.



