Antes que nada habría que aclarar dos cosas: Que el Tribunal Constitucional no ha indultado a Alberto Fujimori y que éste no ha sido condenado por lesa humanidad. Sobre lo primero, parece ser (ya que todavía no se ha publicado la sentencia), que el TC restituyó el indulto humanitario otorgado por PPK a Fujimori en el 2017, pues un fallo de un juez supremo no puede anular un indulto presidencial por ser esta cosa juzgada. Además, que dicho juez creó un procedimiento sólo para aplicarlo en el caso de Fujimori, algo inconstitucional e injusto. Luego, Fujimori no fue acusado por lesa humanidad por dos motivos; primero, porque el acuerdo de extradición con la justicia chilena no contemplaba dicha acusación, y segundo, porque recién se establecieron los crímenes de lesa humanidad en 1998, siete años después de lo sucedido en Barrios Altos y la Cantuta. Por lo tanto, decir que no se puede indultar a Fujimori porque está condenado por lesa humanidad es absurdo y malicioso. Por otro lado, las Cortes Internacionales no prohíben indultos por lesa humanidad, sino las leyes de amnistía de dichos crímenes, todo lo demás son sólo opiniones políticas.
Aunque esta restitución del indulto a Fujimori pueda representar un respiro al actual gobierno de Pedro Castillo, donde nuevamente se cierne la vacancia. Pero, a mediano plazo esto puede representar su ocaso. En efecto, si el gobierno intentara por todos los medios impedir la liberación de Fujimori o encarcelarlo nuevamente, va a perder popularidad y encender los ánimos no sólo de los fujimoristas, sino de la mayoría de los peruanos verían como una injusticia que clama al cielo encarcelar sin motivo a un anciano moribundo que desea morir en el seno de su familia. Pero, si Fujimori sale libre sin que el gobierno pueda hacer nada, la izquierda caviar, sus aliados, lo dejaran más sólo que nunca. Lo cierto, que salga o no en libertad, Alberto Fujimori se ha convertido en el mayor fuerza opositora de este gobierno, y dicho sea de paso, le ha ganado la partida a la izquierda caviar y progresistas en general.
Cada vez son menos los anti fujimoristas recalcitrantes, basta ver las marchas de protestas de estos días, que por más que tuvieron todo el auspicio del gobierno, no son ni la sombra de las marchas de hace algunos años. Es que después de lo visto con los gobiernos de PPK, Vizcarra, Sagasti y ahora con Castillo, que fueron posible por el anti fujimorismo. Hay que ser bien sectario, malicioso, obcecado, etc., para seguir en lo mismo. Esto es, el anti fujimorismo ya está dejando de ser el combustible del progresismo peruano que durante 20 años parasitó de ello.
Finalmente, la restitución del indulto a Fujimori representa, eso esperemos, el fin de este “progresismo” que en lugar de lanzarnos hacia el futuro, nos mantiene presos del pasado, Castillo es un ejemplo de ello. Pues gracias a los progresistas resurgió en el Perú el socialismo de la década de los años 70. Es que en el fondo ser progresista se ha convertido en atraso y sinónimo de abortismo, lgtb, ecologismo, ideología de género. Ciertamente, en materia de orden, crecimiento, bienestar, el progresismo es un retroceso. Por ejemplo, cómo es posible que las cinco minas más grandes del Perú estén paralizadas justo ahora que el precio del metal está por las nubes.



